Cargando...

La quema de basura en Huetamo: un fuego que consume futuro.

Fany Almazán

Luciérnaga Noticias

Por: Isahí Vázquez Molina

En las calles y colonias de Huetamo, el humo de la quema de basura se ha vuelto parte del paisaje cotidiano. Lo que para algunos parece una solución rápida, en realidad es un problema que se multiplica silenciosamente: afecta la salud, deteriora el ambiente y refleja una ausencia preocupante de política pública local.

El humo que respiramos.

La quema de residuos libera partículas tóxicas que penetran en los pulmones y dañan la calidad del aire. No se trata solo de un mal olor pasajero: hablamos de riesgos reales para niños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias. Cada fogata improvisada es una amenaza invisible que se acumula en nuestra comunidad.

Una práctica que desnuda la falta de estrategia.

La recurrencia de esta acción evidencia que no existe un plan municipal sólido de manejo de residuos. La ciudadanía improvisa porque no encuentra alternativas claras: rutas de recolección insuficientes, falta de campañas de concientización y ausencia de sanciones efectivas. El vacío institucional se llena con humo.

Más allá de la costumbre.

Quemar basura no es cultura ni tradición: es una práctica que perpetúa el rezago. Mientras otros municipios avanzan hacia programas de reciclaje, separación de residuos y educación ambiental, Huetamo se queda atrapado en un círculo vicioso que normaliza el daño.

Lo que necesitamos.

- Política pública clara: un reglamento municipal que prohíba y sancione la quema de basura.  
- Alternativas reales: mejorar la recolección, habilitar centros de acopio y fomentar el reciclaje.  
- Educación comunitaria: campañas que expliquen los riesgos y promuevan hábitos responsables.  
- Participación ciudadana: vecinos organizados que exijan soluciones y se conviertan en agentes de cambio.  

Un llamado urgente.

Huetamo no puede seguir respirando humo. La quema de basura es más que un acto aislado: es el reflejo de una política ausente y de una ciudadanía que merece respuestas. Apagar este fuego requiere voluntad institucional y compromiso colectivo. El futuro de nuestra salud y nuestro entorno depende de ello.
Por: Isahai Vázquez Molina