Lo avisó… y nadie hizo nada
Fany Almazán
Luciérnaga Noticias
* Columna por IsahaÍ Abraham Vázquez Molina
La tragedia en Makarenko
El asesinato de dos profesoras en la Preparatoria Antón Makarenko, en Lázaro Cárdenas, Michoacán, no fue un hecho espontáneo. Fue anticipado. El agresor dejó señales claras en redes sociales: videos con discursos de odio hacia las mujeres, imágenes con armas y mensajes explícitos como “hoy es el día”. Todo ocurrió en espacios abiertos, visibles, compartidos. Y nadie actuó.
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La violencia como identidad digital
No se trató de un simple gusto musical o de un perfil adolescente. Fue una narrativa construida alrededor de la violencia, el poder y el resentimiento. El nombre del perfil, la estética militar, las canciones que exaltaban armas y confrontación, todo formaba parte de una identidad digital que normalizaba la agresión. Cuando el discurso de odio se mezcla con símbolos de violencia, deja de ser entretenimiento: se convierte en advertencia.
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La omisión como raíz
La pregunta más incómoda no es por qué disparó, sino por qué nadie hizo nada cuando todavía se podía prevenir. Nos hemos acostumbrado a consumir violencia en formato digital como si fueran filtros o dramatismos juveniles. Pero cuando esas señales se ignoran, el riesgo se convierte en tragedia.
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El papel de la familia
La prevención comienza en casa. La familia es el primer espacio de comunicación y educación emocional. Supervisar el uso de redes sociales, abrir diálogo sobre frustraciones y fomentar valores de respeto son acciones básicas que pueden marcar la diferencia. La indiferencia o la negligencia en el hogar puede convertirse en detonante de conductas agresivas.
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La responsabilidad de la escuela
La Secretaría de Educación Pública cuenta con protocolos de prevención y atención de violencias en la escuela. Estos incluyen la detección temprana de señales de riesgo, canales de denuncia, acompañamiento psicológico y acciones de emergencia. Sin embargo, su eficacia depende de que se apliquen con rigor y compromiso. La escuela no puede limitarse a ser un espacio académico: debe ser también un espacio de cuidado y prevención.
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Antes, durante y después
- Antes: Detectar señales, acompañar emocionalmente, intervenir en tiempo.
- Durante: Activar protocolos de seguridad, proteger a la comunidad escolar, alertar a las autoridades.
- Después: Atender a las víctimas, comunicar con transparencia y reconstruir la confianza comunitaria.
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Una responsabilidad compartida
La violencia escolar no se combate solo con seguridad física. Se enfrenta con educación emocional, comunicación constante y protocolos claros. La familia, la escuela y la sociedad tienen un papel irrenunciable. Mientras sigamos viendo armas como filtros y discursos de odio como opiniones, seguiremos llegando tarde.
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"La tragedia en Makarenko nos recuerda que la violencia no empieza con el disparo, sino cuando se convierte en lenguaje, estética e identidad. La prevención es tarea de todos: padres, maestros, autoridades y comunidad. Solo así podremos evitar que el ‘hoy es el día’ vuelva a repetirse."