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El Algoritmo del Señor Presidente

Fany Almazán

Luciérnaga Noticias

Por: Isahaí Abraham Vázquez Molina 

— Ficción Satírica ocurrida en el Municipio de Xocotepec, región sur del Estado de México —

I. El Ungido por el Algoritmo

Nadie en Xocotepec recordaba con exactitud cómo había llegado Abundio Celestino Parragaverde al sillón presidencial. Unos decían que con promesas de asfalto y agua potable; otros, que con tamales distribuidos estratégicamente a dos días de la elección. Lo cierto es que, desde el primer lunes de su gobierno, Abundio llegó al Palacio Municipal con una laptop reluciente bajo el brazo y una convicción que rozaba lo mesiánico:

—Yo no necesito secretarios, ni directores, ni regidores con criterio —anunció ante el Cabildo, con la solemnidad de quien acaba de recibir las tablas de la ley—. Yo tengo a Prometeo.

Prometeo era, en realidad, una suscripción de inteligencia artificial que Abundio había descubierto tres semanas antes en un video de YouTube llamado “Cómo gobernar tu municipio sin gastar neuronas”. Desde entonces, toda decisión de gobierno pasaba por el teclado: los oficios, los planes de desarrollo, los discursos del 16 de septiembre, los comunicados de prensa, los proyectos de obra pública y hasta las felicitaciones de cumpleaños a los ejidatarios.

Prometeo nunca se quejaba. Nunca pedía prestaciones. Nunca renunciaba.

Lo cual lo convertía, según Abundio, en el colaborador perfecto.

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II. Los Siete Secretarios

El problema con los seres humanos —concluiría Abundio con el tiempo— era que tenían la deplorable costumbre de tener opiniones.

El primer Secretario General del Ayuntamiento fue el licenciado Efrén Basurto Nila, hombre serio, con treinta años de experiencia en administración pública y la piadosa costumbre de citar el Bando Municipal antes de firmar cualquier acuerdo. Duró cuarenta y dos días. Renunció la tarde en que Abundio le presentó un reglamento de tránsito generado por Prometeo que incluía el artículo 17-Bis, el cual establecía multas proporcionales al karma del infractor. Basurto leyó el artículo tres veces, dobló sus lentes con cuidado, los guardó en el estuche y dijo, con la voz de quien despide un velorio:

—Con todo respeto, presidente, le deseo éxito en su gestión.

El segundo secretario duró veintiocho días. El tercero, diecisiete. El cuarto presentó su renuncia por escrito con copia al INFOEM y al Órgano Superior de Fiscalización. El quinto simplemente dejó de aparecer —su escritorio amaneció vacío un martes, con solo un pocillo de café a medio tomar y una nota que decía “No se molesten en buscarme”. El sexto era primo segundo de Abundio y aguantó tres meses, no por convicción, sino porque debía el enganche de una camioneta. El séptimo —una mujer joven, recién egresada de la UAEM, con tesis sobre gobernanza digital— llegó convencida de que la inteligencia artificial podía ser una herramienta valiosa en manos responsables. Se fue llorando de frustración un viernes por la tarde, después de que Abundio descartó su diagnóstico institucional de cuarenta páginas en favor de un párrafo que Prometeo generó en ocho segundos.

Siete secretarios en tres años.

Abundio lo consideraba una estadística de rotación normal. La gente de Xocotepec lo llamaba de otra manera, pero en voz baja.

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III. El Progreso sin Coordenadas

La palabra favorita de Abundio Celestino Parragaverde era “Progreso”.

La pronunciaba en cada sesión de Cabildo, en cada entrevista radial, en cada foto que subía a sus redes sociales con el pie de foto invariable: “Trabajando por el Progreso de Xocotepec. 💪🌟”

El Progreso, sin embargo, tenía la exasperante cualidad de no materializarse en nada que pudiera medirse, pesarse, fotografiarse o habitarse.

Existía el Plan Municipal de Desarrollo 2022–2024, redactado por Prometeo en una tarde lluviosa de noviembre. Era un documento de ochenta y seis páginas, con matrices de indicadores, objetivos estratégicos y ejes transversales que incluían conceptos como “sinergias ecosistémicas de impacto territorial” y “gobernanza disruptiva con enfoque de resiliencia participativa”. Abundio lo presentó en sesión solemne con corbata nueva. Ningún regidor entendió una sola página, pero todos aplaudieron porque nadie quería parecer el menos inteligente del recinto.

La calle principal de Xocotepec seguía sin pavimentar.

El sistema de agua potable llevaba dos años con fugas que el DIF Municipal había catalogado como “emergencia crónica”.

La casa de cultura tenía el techo hundido desde el sismo de 2017 y nadie había vuelto a tocarlo.

Pero el municipio contaba con una cuenta de Instagram curada con filtros profesionales, donde el Progreso lucía espléndido.

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IV. Los Colaboradores a Modo

Dado que los profesionales calificados tendían a irse —o a llorar— con una frecuencia inconveniente, Abundio fue perfeccionando un método de selección de personal que, con los años, llamó internamente su “modelo de talento afín”.

El modelo era sencillo: buscaba personas que asintieran antes de que él terminara la frase.

Así llegaron al Palacio Municipal: el cuñado de Abundio, que fungía como Director de Obras Públicas sin haber visto un plano en su vida; la comadre del cuñado, designada Directora de Finanzas con un historial contable que se limitaba a manejar la caja de su miscelánea; y el sobrino del vecino del cuñado, instalado como Encargado de Comunicación Social, cuya principal virtud era saber hacer Reels de treinta segundos con música de fondo.

Cuando Abundio les presentaba los documentos de Prometeo, todos asentían con vigor. Cuando les preguntaba si había alguna observación, negaban con la misma energía.

Era, reconocía Abundio en privado, el equipo más eficiente que había tenido en su vida.

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V. La Auditoría que Nadie Esperaba

La caída de Abundio Celestino Parragaverde no llegó en forma de escándalo ni de marcha ciudadana. Llegó un miércoles gris de febrero, en la figura discreta de una auditora del Órgano Superior de Fiscalización del Estado de México: la C.P. Dolores Xochitl Ampudia Reyes, cuarenta y cuatro años, lentes de armazón metálico, portafolio negro y la sonrisa neutral de quien ha visto muchas variantes del mismo desastre.

Dolores Ampudia pidió los comprobantes de gasto de los últimos tres años.

El cuñado de Abundio buscó las carpetas.

Las carpetas no estaban.

Prometeo, al ser consultado, generó un texto elegante explicando que “la transparencia gubernamental es un valor fundamental de la democracia participativa”.

Dolores Ampudia lo leyó, lo dejó sobre el escritorio con la misma delicadeza con que se deja una servilleta usada, y preguntó:

—¿Y las facturas?

Lo que siguió duró seis semanas y produjo un informe de doscientas treinta páginas con una conclusión que el Órgano Superior redactó con la fría elegancia de quien no necesita adjetivos: observaciones por presunto daño al erario municipal por la cantidad de cuatro millones ochocientos mil pesos, correspondientes a gastos sin justificación documental, contratos sin licitación y transferencias sin destino verificable.

El Cabildo, esos mismos regidores que habían aplaudido las matrices de impacto ecosistémico sin entender una sola línea, votaron por unanimidad para separar a Abundio del cargo mientras durara la investigación.

Abundio llegó esa noche a su casa, abrió la laptop, escribió su situación en el chat de Prometeo y le pidió una estrategia de salida.

Prometeo le respondió, con su habitual fluidez, que “los momentos de adversidad son oportunidades de crecimiento personal y redefinición de la narrativa pública”.

Abundio cerró la laptop.

Por primera vez en tres años, no supo qué hacer.
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Epílogo

La calle principal de Xocotepec sigue sin pavimentar.

El techo de la casa de cultura sigue hundido.

El sistema de agua potable sigue con sus fugas.

Prometeo, en cambio, sigue funcionando. Ahora lo usa el sucesor de Abundio, un hombre jovial que llegó al cargo prometiendo “tecnología al servicio del pueblo”.

Su primer secretario general ya presentó su renuncia.

Fue el lunes pasado.

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Nota del autor

Xocotepec es un municipio completamente ficticio. Cualquier semejanza con municipios reales de la región sur del Estado de México, así como con sus servidores públicos, es pura coincidencia del algoritmo.