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El Contagio del Presidente | Arena Suelta

Fany Almazán

Luciérnaga Noticias

 POR TAYDE GONZÁLEZ ARIAS 

El primer mandatario; Andrés Manuel López Obrador, ha dado positivo al COVID-19, noticia que fue dada a conocer por él mismo en sus redes sociales, y que por tratarse del Presidente de México, trascendió fronteras, y en diversas notas o comentarios no faltaron las muestras de apoyo o solidaridad que venían desde simples ciudadanos de a pie, hasta otros líderes mundiales como fue el caso del ejecutivo de Argentina. Desafortunadamente no faltaron los que aprovecharon las diferencias políticas para hacer malos augurios, deseos inapropiados y comentarios inhumanos. 

Hay quienes consideran que al Presidente, no se le debe tratar distinto que a cualquier otro ciudadano, pero considerando que en ese nivel son muchos los enemigos; desde el ámbito meramente político, hasta de aquellos grupos delincuenciales que quieren salirse con la suya a como dé lugar, y tener un camino limpio para cometer sus tropelías, o incluso los fanáticos religiosos o de cualquier otra índole de alteración emocional, el hombre que tiene el poder del país sobre sus hombros, deja de ser un simple mortal para convertirse en un ser al que se le debe cuidar más que a los otros en su integridad por lo que sabiendo de su avanzada edad, se le debió suministrar la vacuna contra el COVID. 

Salvo que exista en AMLO, alguna idea de mártir, o de un hombre super poderoso que supera hasta las más fatales enfermedades o bien que si se le haya aplicado la vacuna, y se cure en salud o bien haga creer a la gente que debe de vacunarse enfermándose. Desde luego que debido a la doctrina de honestidad que siempre ha vociferado, lo único que podemos desearle a él y a cuanta persona sufra de éste terrible mal es una pronta recuperación, por su bien, el de los suyos e incluso por la estabilidad políticas y gubernamental de México. 

Cualquier persona que le desea mal a otra, lo único que merece es que se multiplique en él esos deseos que tiene por el prójimo, por eso y porque el respeto a la vida, es primordial para entender la humanidad, es que hemos de consentir en la mente y el corazón sólo los mejores parabienes para los demás. 

Dicen que nadie escarmienta en cabeza ajena, y al parecer éste dicho tiene mucho de cierto cuando recordamos al Presidente, sin usar cubrebocas, cuando dijo que estábamos preparados para hacerle frente a la pandemia y que pasado el tiempo él sólo se desdijo. Pero incluso eso, no es suficiente para no desearle pronta recuperación, sin embargo, no se debe seguir en la irresponsabilidad y ojalá a su regreso le veamos más disciplinado con una actitud más madura, conforme a la investidura que representa. 

Desafortunadamente la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, quien tomó las riendas de las conferencias matutinas en nombre de Andrés Manuel López Obrador, no ha mostrado tampoco disciplina en la norma mínima de salud, de uso de cubrebocas, olvidándose que son miles las personas que la ven mediante los medios de masivos de comunicación y que por el cargo que tiene representa un ejemplo a seguir, y sin embargo su empatía por la difusión de una imagen oficial de respeto a las reglas de sanidad, sigue siendo incumplida. 

Cuando no se actúa con cautela en situaciones delicadas y te expones, dejas abierta la puerta para que se te pueda decir que tú mismo te lo buscaste, y aunque eso pudiera ser, lo cierto es que no debemos erigirnos en jueces, pues todas y todos estamos expuestos, y ante la adversidad, es cuando más requerimos de empatía y humanidad. 

Vaya, cada quien hagamos lo que nos corresponde, y evitemos juzgar a los otros, pues las cuentas que hay que pagar con las de cada uno, a menos que seamos tan buenos que queramos pagar deudas ajenas. 

El país más que nunca requiere de la unidad de todas y todos para hacer frente a todas las consecuencias que ha traído consigo la pandemia, por eso hoy, la solidaridad de la iniciativa privada y el gobierno debe ser la misma, cuyo camino lleve a la tranquilidad de los ciudadanos, que han hecho que tengamos entre nosotros a los hombres más ricos del mundo, y los dirigentes que elegimos. 

Más allá de la teoría del murciélago, o la conspiración de unos cuantos personajes para la supuesta propagación del virus, es necesario cuidarnos y cuidar de los nuestros, pues tener claro el origen podría dar muchas pistas de la cura, pero mientras sufrimos del mal, es más inteligente la prevención, que agregarle suspicacia al encierro y todo lo que por ello se genera.