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Prevenir también es una forma de amar

Fany Almazán

Luciérnaga Noticias

• Este 19 de septiembre no recordamos solo un temblor: recordamos que el cuidado se ejerce antes de que llegue el desastre.
Por Isahaí Abraham Vázquez Molina   |  Comunicólogo.

Cada 19 de septiembre, México se detiene a hacer memoria. 1985 nos dejó una lección escrita con dolor. 2017 y 2022 volvieron a sacudir la misma fecha, y el sismo de 2022 tuvo su epicentro en territorio michoacano, cerca de Coalcomán. Parece que el calendario insiste en recordarnos lo que preferimos olvidar: la tierra no avisa, pero nosotros sí podemos estar listos.

En México lo sabemos bien. Aquí las lluvias desbordan ríos, la temporada seca trae incendios y el calor extremo también cobra factura. Los siniestros no piden permiso, y quien se prepara a tiempo no tiene que improvisar cuando ya no hay tiempo.

Prepararse no es heroísmo

Nadie nos pide cambiar el mundo. Nos piden algo más humilde y más difícil: saber qué hacer antes, durante y después de una emergencia.

• Antes: conocer los riesgos de la casa, del trabajo y de los lugares donde convivimos o nos recreamos; acordar en familia una ruta de salida y un punto de reunión.
• Durante: conservar la calma, seguir las indicaciones y no estorbar a quien viene a ayudar.
• Después: cuidar al que está herido, verificar que el lugar sea seguro y colaborar con los cuerpos de rescate en lugar de improvisar.

Esa disciplina tiene un parentesco con la tradición ignaciana, que desde hace siglos propone el examen: detenerse, mirar con honestidad lo que ocurre y ordenar la vida en consecuencia. Un mapa de riesgos es, en el fondo, un examen aplicado al hogar.

«El amor se debe poner más en las obras que en las palabras».
— San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales

En protección civil eso se traduce en revisar la salida de emergencia, cargar el botiquín y ensayar el simulacro.

Cuidar a cada persona

La cura personalis, el cuidado de la persona entera, tiene aquí una aplicación muy concreta. Un plan de emergencia que no piensa en el adulto mayor, en la niña que se paraliza, en quien se mueve con dificultad o en quien no escucha la alarma es un plan incompleto. Preparar a la comunidad es asegurarse de que nadie quede atrás por no haber sido considerado.

Por eso el simulacro no puede ser un trámite ni un ejercicio para cumplir. Es un ensayo de solidaridad. Cada minuto que le dedicamos hoy nos evita improvisar mañana, y esa inversión rinde más cuando las instituciones, las escuelas y los vecinos la hacen juntos.

Un reconocimiento necesario

Vale decir también gracias. Gracias a brigadistas, bomberos, paramédicos, rescatistas y voluntarios que trabajan en silencio para que otros no vivan lo peor. Su labor casi siempre pasa inadvertida cuando funciona, porque la prevención, si sale bien, no deja noticia. Un siniestro que no ocurrió no sale en los periódicos, pero alguien trabajó para que no ocurriera.

Quizás ese sea el mejor homenaje a las víctimas de todos los 19 de septiembre: convertir el duelo en organización y la memoria en costumbre. Conocer nuestras rutas de evacuación, participar en los simulacros y hablar del tema en casa no nos hace paranoicos. Nos hace responsables del cuidado de los demás.

Porque, a fin de cuentas, prevenir es lo que cuenta.

Isahaí Abraham Vázquez Molina
Comunicólogo especializado en comunicación social, política, riesgos y desastres
#PrevenirEsLoQueCuenta  #DiaNacionalDeProteccionCivil