Cargando...

Que en paz descansen | Arena Suelta


POR: TAYDE GONZÁLEZ ARIAS 
 
Hay sucesos que sacuden a todo un pueblo, estos acontecimientos casi siempre tienen que ver con situaciones delicadas o por tratarse de eventos que no son tan comunes, algunos tienen explicaciones, pero otros no. Se podría decir que cuando acontece algo que no es normal o que toca las fibras más sensibles de las personas, no sólo se queda en la memoria de la gente que habita en esa comarca, sino que marca un antes y un después y generalmente al quedar en la memoria de la gente, debe servir de aprendizaje colectivo. 

Llegan a pasar cosas en un lugar que se convierte en verdaderos mitos, y aunque pareciera que cada vez es menor la capacidad de retención, y que la memoria a corto plazo es la que rige la conciencia social, penetra tanto en las personas el trauma de lo sucedido que, aunque se distorsione la realidad, se seguirá hablando de aquello que pasó y no se puede olvidar. 

La historia de los pueblos tiene mucho en común cuando se trata de contar los sucesos que alarmaron a la población, y que no sólo forman parte de lo que la gente cuenta, sino que dichas historias tienen un contenido tan especial que suelen ser de interés de propios y extraños, es decir de los más jóvenes y mayores, ya sean radicados en el lugar o visitantes. 

Seria bueno que las historia o experiencias que se cuenten de los pueblos fueran inspiradoras, positivas o deslumbrantes, pero debido a que la vida tiene matices y a que para ver la luz se requiere oscuridad mucho de lo que se dice que pasó es más bien oscuro, tenebroso, místico y hasta terrorífico, y viene a formar parte de la cosmogonía y la cosmovisión de los poblados.

Cada uno interpretamos conforme a nuestra formación las cosas, pero no se puede negar que cuando de boca en boca corre una noticia se puede distorsionar, y que, aunque las verdades absolutas no existen en esas condiciones, hay cosas que se repiten tantas veces que terminan convirtiéndose en ley, por los usos y costumbres de los lugares en donde suceden. 

Hace un par de días, en la ciudad de Zitácuaro Michoacán, se suscitó un accidente vehicular, se trató de un auto compacto, en que viajaban al momento del percance cinco jóvenes que apenas rondaban la mayoría de edad, ésta noticia conmocionó al pueblo, algunos (los más fríos), dijeron que era de esperarse pues suponen que los jovencitos se encontraban en estado de ebriedad, otros, los más positivos, inundaron las redes sociales con cadenas de oración para que los únicos dos que aún permanecían con vida se salvarán. 

Fue tan sonada la noticia que se supo que mientras algunos podían pagar los gastos funerarios o los hospitales privados otros provenían de familias de escasos recursos, e incluso se comenzaron a organizar rifas, conciertos y colectas para apoyar a los familiares de uno de ellos, que tristemente terminó despidiéndose del este mundo. 

Las redes sociales se inundaron de las opiniones de los justos, los puros y los amargados, todas y todos tenían una opinión que dar, y se leían comentarios que claramente dejaban ver a a las personas detrás de los perfiles, a todas luces deshumanas, al considerar que alguien merecía morir, o que fueron a buscar la muerte, otros más culpaban a los padres por comprar un auto a personas tan jóvenes, los menos se limitaban a decir que eso sirviera de experiencia, pero lo más grave que se pudo ver esa pérdida de capacidad de asombro, como si los que murieran no fueran personas y como que si alguno en la vida no cometiera errores e imprudencias, tan casi naturales en la juventud. 

Sin duda la muerte de una persona es sumamente triste e indeseable para nadie, pero que murieran cuatro jóvenes, y que uno siga en vilo, sólo incita a extremar los cuidados y el nacimiento de la conciencia, para recordar que todos podemos y tenemos la responsabilidad de enseñar a nuestros niños y futuros adultos las consecuencias de nuestros actos, para que de esa forma se evitan perder más vidas, pero sobre todo se comprenda que la vida es un suspiro que hay que administrar de aire para que no se acabe tan rápido. 

Este accidente conmocionó al pueblo de Zitácuaro, y podría conmocionar a cualquier otro con un ápice de humanidad, primero porque se trató de la muerte de casi unos niños, que tenían toda una vida por delante y segundo, porque cualquiera estamos a expensas de algún percance, pero sobre todo porque si es posible evitar darle armas a quien no sabe usarlas, o entregar un vehículo cuando no hay conciencia de la manera ideal y correcta en la que se debe conducir, es mejor seguir andando a pie. 

Los pueblos mediante sus ciudadanos, deben acudir a las mejores prácticas, y aprender de los errores para no cometerlos más, debe la población alejarse del chisme y de las opiniones que son como limón en una herida, porque, así como a otros les causa dolor algún asunto, estamos en grandes posibilidades de ser hoy victimarios, pero mañana víctimas.