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Tiempos de pandemia | Arena suelta


Por Tayde González Arias 
 
 Todo fue tan rápido, que nunca hubiera imaginado que un descanso en conmemoración con el natalicio de Benito Juárez, se fuera a convertir en 9 meses de cuarentena. 
 
Lo que para muchos hace un año era normal, hoy, cae en medidas de sanidad y protocolos de salud. 
 
Estamos a pocos días de terminar el año, un año caótico y agotador, que ha dejado miles de muertes ocasionadas por un virus, del que nunca dimensionamos su alcance y magnitud. 
 
La pandemia por COVID-19 articuló nuestros desajustes y deficiencias. Deficiencias en nuestra forma de vivir en sociedad, deficiencias en el sector económico, deficiencias en el sector salud y deficiencias en la gobernabilidad, y que diez meses después se han traducido en más de 120 mil muertes y más de un millón de contagios, sin embargo, hasta la fecha es imposible dimensionar de forma precisa el costo humano en nuestro país.
El impacto de la pandemia nunca fue igual para todos, hasta el día de hoy no lo es. Nos ha tocado enfrentar nueve meses de confinamiento, viviendo realidades muy lejos de ser iguales. Para algunos la cuarentena fue un privilegio, para otros tantos, nunca lo fue.
 
El estilo multifacético de nuestros espacios, especialmente en ese "home office" que muchos siguen denominando, aquellas superficies o simplemente, aquel cuarto que se convirtió en aula de clases, oficina, gimnasio, restaurante y hasta bar, ha adquirido mayor relevancia y la máxima seguridad en temas de salud pública. 
 
El 23 de diciembre, aquel día que quedara grabado en la línea del tiempo, así como también la cuarentena, en los libros y análisis históricos, México, se convirtió en el primer país de América Latina y uno de los diez primeros en el mundo en recibir la vacuna contra el COVID-19. Fueron 33 mil millones de pesos invertidos en la vacuna contra el coronavirus, sumado a los 1,300 millones de pesos para su aplicación. Sin embargo, contar con una estrategia certera para distribuir y aplicar la vacuna, hoy es el reto imperioso del gobierno mexicano.
 
Este año, el único agradecimiento que merece ser escrito en todos los medios es a los de bata azul y uniforme blanco, quienes son realmente nuestros salvadores de vidas. Nosotros hemos quedado a deber. 
 
Pero aún tengo la esperanza como muchos, de que este año nos haya servido a todas y todos para comprender y dimensionar la fragilidad del mundo y la vida misma. Ojalá esta pandemia sea el punto de inflexión para construir un mejor país, uno que ya se vio evidenciado con sus tantas fallas y debilidades estructurales para hacer frente a una crisis, cómo coloquialmente se fragmenta: "la esperanza muere a lo último" 

Que principalmente el privilegio y la ignorancia no nos sigan nublando la empatía. En estas fechas sigamos cuidándonos aún, cuando la vacuna, está a solo kilómetros de distancia y ya no, en pruebas de que tan efectiva es. El virus sigue con nosotros y los otros tantos virus que adolecen a este país, delincuencia, feminicidios, desapariciones, y demás, también lo están. 
 
¿Qué sucederá cuando todo esto termine? 
Todo es incierto, hasta la misma vida lo es, en todos los ámbitos, como político, económico, social, empresarial o ambiental, cambiarán o algunos mejorarán, en otros, lamentablemente los resultados, serán negativos. 
Yo no lo sé de cierto, pero tengo la esperanza de que el siguiente año será mucho mejor.  
 
Las crisis, abren oportunidades de cambio, al hacer evidente, la necesidad de responsabilidad y sentido cívico, de unión y solidaridad, de genuina humanidad. 
Hagamos que valga la pena, sigo teniendo un sueño, ¿Cuál es el tuyo?